Efectos Secundarios

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Es cualquier evento diferente de la acción terapéutica buscada (es decir, bajar la Carga Viral). Los antirretrovirales, como todos los medicamentos, pueden tener efectos secundarios y algunos de ellos también pueden ser indeseables o ser más o menos importantes según el medicamento. 

Los efectos secundarios varían de una persona a otra y en la misma persona a lo largo del tiempo. Antes de iniciar el tratamiento con cualquier medicación, preguntá cuáles son sus efectos secundarios. 

Cuanto mucho, los efectos secundarios deberían ser moderados, existe sólo un pequeño riesgo de que se produzcan efectos secundarios graves, y deberían ser detectados por un cuidadoso seguimiento rutinario. La mayoría de las personas que padecen estos efectos adversos comentan que lo peor se pasa durante las primeras dos semanas del tratamiento, siendo lo más común es que disminuyan. Sin embargo, esto no implica que solamente podamos padecer efectos secundarios al inicio del tratamiento, cambios en nuestra rutina y en la forma de tomar la medicación pueden generar distintas repercusiones en la forma por la que el cuerpo procesa la medicación.

Los más frecuentes pueden ser:

  • Insomnio o sueño entrecortado,
  • Pesadillas, cansancio,
  • Fatiga,
  • Somnolencia,
  • Angustia,
  • Rush cutáneo,
  • Coloración amarilla en la piel,
  • Urticaria,
  • Erupciones,
  • Vómitos,
  • Náuseas,
  • Diarrea,
  • Dolores estomacales,
  • Acidez,
  • Falta de concentración o memoria.

En definitiva, cada cuerpo es un mundo. Cada persona habrá de procesar las distintas drogas de manera diferente (así como de distinta forma en distintos momentos), por lo cual es difícil de saber con certeza, por no decir imposible establecer si cada cosa que percibamos constituye o no un efecto secundario. La única manera de comprobarlo sería interrumpiendo ese tratamiento antirretroviral en particular.

Si estás padeciendo efectos adversos es necesario que se lo comuniques a tu médicx, especialmente si ya ha pasado un tiempo prudencial en el que tu cuerpo se hubiera podido adaptar a la medicación. Un efecto adverso puede o no ser razón de un cambio de esquema de medicación. En general, lxs médicxs suelen ser bastante reacios para cambiar los esquemas de medicación para no exponernos al desarrollo de cualquier resistencia espontánea (las cuales pueden ser sumamente perjudiciales en la disponibilidad de drogas posibles para combatir el virus), pero si realmente necesitaras hacer un cambio de medicación es tu derecho hacerlo saber y reclamarlo. Después de todo, quien tiene que tomar la medicación sos vos. Para con tu cuerpo, la decisión final es tuya.

¿Cuál es el Límite para Tolerar un Efecto Secundario?

Cualquier persona que estuviera afrontando un efecto secundario particularmente molesto se habrá preguntado cuánto es necesario soportar la medicación. Una medicación que tendría el propósito de hacernos sentir bien y preservarnos de enfermar, que nos devolvería la posibilidad de vivir una vida “normal” en un mundo en el que el VIH es solamente una condición crónica.

Sin embargo, esto no es siempre tan sencillo. Además, los efectos secundarios no son todos iguales ni todos los esquemas de tratamiento tienen los mismos efectos. Cuánto tolerar es una pregunta cuya respuesta es muy personal, cualquier intento de responder tendrá que aceptar que cada decisión es producto de la evaluación de toda una situación singular de cada persona, una decisión que no es ni ilógica ni irracional y que responde a la experiencia de vida de unx como paciente y como persona que vive con VIH. Cuestionar eso sería violentar nuestros derechos como pacientes y nuestro derecho a una salud integral más allá del control de la Carga Viral.

Algo que te pudiera ayudar a que hagas esa auto-evaluación podría ser que este fino límite entre lo tolerable y lo intolerable puede radicar en lo que un presunto efecto secundario compromete tu funcionalidad en una base diaria (o no), en cómo se ve afectado tu desempeño en las cosas de todos los días. Quizás en un primer momento te veas un poco más impedidx de llevar adelante tus cosas con normalidad, pero esto no debiera prolongarse demasiado. El tratamiento no te tiene que limitar tener que sentirte bien ni obligarte a que te adaptes a él, al contrario: es el tratamiento el que se debe de adaptar a vos. 

 

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